Un día intenso

Mañana y mediodía: Primero nos asomaremos a la desembocadura del río Urumea, con el palacio del Kursaal y sus puentes, antes de entrar a través del Boulevard en el corazón de la ciudad, la Parte Vieja, donde asomarnos a la hermosa plaza de la Constitución y la basílica de Santa María. Después oleremos a mar en el puerto, con sus barcos y casas de pescadores. Al fondo nos aguarda el Aquarium. Tras visitar su oceanario, nos asomaremos al Paseo Nuevo, hasta la escultura de Jorge Oteiza, para admirar la fuerza del mar. A la hora de reponer fuerzas, podemos comer de plato en alguno de los muchos restaurantes de la Parte Vieja o seguir la tradición local de degustar pintxos de bar en bar.

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Tarde y noche: No hay que dejar de dar una vuelta por las calles peatonales y avenidas del Ensanche donostiarra, su área romántica. Allí están su Casa Consistorial y los jardines de Alderdi-Eder, con vistas hacia la bahía de La Concha, la coqueta plaza de Gipuzkoa o la avenida de la Libertad. Una elección: o nos quedamos haciendo algunas compras por el centro o tomamos un autobús hasta el barrio de El Antiguo. Allí, al fondo del paseo de Ondarreta llegaremos hasta la estación del veterano funicular que sube al monte Igeldo, donde, además de dominar con la vista toda la ciudad, disfrutaremos del aire retro del parque de atracciones de Igeldo. Al bajar, seguiremos el remate de la costa para ver atardecer en el Peine del Viento que crease Eduardo Chillida. A la hora de la cena, el mejor broche a una intensa jornada puede ser sucumbir ante alguno de los maestros de la cocina de autor.

Información de interés:
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